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Casas-haciendas trinitarias, un patrimonio que se revitaliza

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Casas-haciendas trinitarias, un patrimonio que se revitaliza

Fuente: Agencia Cubana de Noticias

Conservar las añejas casas-haciendas del Valle de los Ingenios, sitio declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad y ubicado en la provincia de Sancti Spíritus, constituye un empeño de una decena de entidades de este territorio central.

Localizadas exactamente en el municipio sureño de Trinidad, entre las casas-haciendas que se benefician con estas labores de restauración se encuentra la del hoy denominado ingenio San Isidro de los Destiladeros, símbolo de la evolución de la agroindustria azucarera cubana en el siglo XIX.

Asimismo, también la de Guachinango y Buena Vista reciben el “retoque” de la mano del hombre para preservarlas, pues la primera de éstas constituye el único inmueble exponente en el Valle de una finca destinada a la ganadería.

Mientras, Guáimaro –más alto productor mundial de azúcar en 1827– se remozó hace pocos años, aunque se labora en el entorno; en tanto, la casona El Abanico, reconocida por la singular arquitectura de influencia alemana y su ubicación, está entre los futuros proyectos.

La casa-hacienda Manaca Iznaga se explota desde hace décadas en el poblado trinitario de igual nombre, donde se alza la famosa torre-campanario, de 43,5 metros de altura, asociada a leyendas que hablan de obras nacidas de las rivalidades entre dos hermanos.

Sin embargo, los gestores de este proyecto de restauración integral aseguran que la de Manaca Iznaga tendrá una segunda etapa, ya que donde fue el almacén de azúcar se prevé la construcción de un restaurante de 200 plazas.

Es así que desde 2008 hay aquí un constante quehacer con el acompañamiento de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios, que desarrollan ese proyecto para rescatar los valores paisajísticos, culturales e históricos.

En el Valle de los Ingenios se trabaja en varias haciendas, y en San Isidro de los Destiladeros también, pues allí se desenterró hace algún tiempo lo que fue el primer ingenio azucarero del Valle.

Asimismo, en San Isidro… fue donde se introdujo por primera vez el vapor en la producción de azúcar, aprovechando el bagazo, lo cual se conoce como el tren jamaiquino.
A principios del siglo XIX comienza el boom azucarero de la zona, que repercute de modo favorable en la localidad.

Sin embargo, la aparición del azúcar de remolacha en el mercado internacional causó una desigual competencia entre los productores cubanos y europeos, lo cual unido al inicio de la guerra de independencia en 1868 y a otras causas, provocaron que la ciudad trinitaria iniciara su decadencia a mediados del siglo XIX.

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