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Con trabajos de esta envergadura, vale la pena tener aniversarios

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Con trabajos de esta envergadura, vale la pena tener aniversarios

Por Jesús Barreiro Yero

Teatro del Silencio, fundado en La Habana por el Director Teatral Rubén Sicilia hace aproximadamente doce años ha mantenido una trayectoria ascendente en sus producciones artísticas con absoluta observancia a una línea de investigación ideo-estética caracterizada por el minimalismo de las puestas, así como textos incandescentes que se han revelado con el paso de los años. Cada nuevo estreno parece ser un paso en el afianzamiento de esta búsqueda personal. Logra marcar la diferencia en la “plural” escena nacional con este sello distintivo peculiar, a la manera de hacer del maestro Sicilia.

Ahora, como parte del agasajo y reconocimiento al actor cubano Miguel Fonseca Alcolea, en sus XX años de vida sobre “las tablas”, el colectivo estrena el unipersonal “Huellas de Caín” donde Fonseca asume toda la responsabilidad actoral, y convence en un complejo espectáculo ritual, donde de manera orgánica y precisa encarna a Caín, en su época de temeridad y a Caín ya abatido, casi espectro, y también a otros personajes traídos a través de retrospectivas, (muy notable el carácter cinematográfico del texto en este aspecto, flask bask, flask forward) con transiciones gestuales-corporales, psíquicas-físicas y un trabajo emocional bien intenso, con el uso de los resonadores bien atemperados dentro de las circunstancias dadas en que se debate Caín, aunque consideramos que puede mostrar más endeble al monarca hacia el ocaso, sobre todo en los desplazamientos escénicos.

El actor muestra tener un entrenamiento psicofísico de lujo que le permite proyectar a través del vestuario de cuero (interesante, exacto y sugestivo, por cierto) imágenes corporales de gran belleza, lo que además de hacer funcional el vestuario responde a la época en que transcurre la trama. Los objetos, como una suerte de instalación performatica, a cargo del artista plástico Pedro Alberto. D Hidalgo. A saber: cabeza de toro, bastón ritual, tronco de árbol y piedras, logran reforzar la atmosfera de la situación, y la violencia de Caín.

Los seguidores de esta singular poética de Teatro del Silencio, observamos en el andamiaje de sus propuestas un dominio en el recreo de la síntesis dramática que le posibilita sin estrangulamientos, regodearlas en obras de pequeños formatos y a la vez esenciales. Donde el relieve se obtiene a través de los resultados interpretativos de los actores a los que les extrae el máximo de sus posibilidades. Lo que les permite con veracidad creativa un delineado acertado de los personajes, matizados con imágenes, economía de elementos escenográfícos, luces y vestuario.

Con el discurrir del tiempo Teatro del Silencio crea su propio repertorio, con títulos fundamentalmente del propio Sicilia y algunos autores extranjeros, todos los que pasan a engrosar el catálogo de piezas teatrales que enaltecen la escena nacional cubana: “Prisionero y Verdugo”, “Juicio y condena pública de Charlotte Corday”, “El maestro y la ninfa”, “La pasión de Juana de Arco”, El Cerco y otras de su repertorio de lujo…

El intérprete por su parte hace aquí en Caín más lucida la dramaturgia espectacular (de un denodado carácter ritual) donde se observa la influencia de Brook, Artaud y Grotowski sobre todo, pero con depurado estilo personal, a través de acciones en planos, bajos, altos y medios, también en cuanto a la voz por medio de susurros, zonas de silencios o por medio del sonido arrancado a la flauta primitiva que le pende del cuello. Llega entonces a un clímax inesperado al despojarse de los atributos del personaje, de la utilería personal, rasga la cuarta pared y baja a platea.

En este momento también Fonseca convence como el actor de notables dotes que es, al establecer una comunicación directa con el público y hablar desde el presente, la misma comunicación que le reconoce su entrega en medios tan disímiles como el teatro, el cine, la radio, y la televisión. ¡Felicidades Fonseca!  Que vengan para su carrera venideros aniversarios con montajes de esta envergadura. Junto a la estética ya con un sello distintivo de Teatro del Silencio y el maestro Rubén Sicilia.

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