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Una industria de «puro» ritmo cubano

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Una industria de «puro» ritmo cubano



Por Lissy Rodríguez y Yaditza del Sol

Foto: Yaimí Ravelo

Fuente: Granma Digital

El chico de los audífonos en la guagua. La vecina cuarentona que le sube el volumen a los Van Van para hacer la limpieza sabatina en la casa. El trovador que rasga con sus dedos las cuerdas de una guitarra… Todos y cada uno comparten lo mismo: la música como elemento consustancial a sus vidas.

Porque la música, para los cubanos, es más que simples acordes e instrumentos. Quizá no todos gocemos del talento y la capacidad para crear un son o una rumba, pero de congo y de carabalí sí que tenemos para sentirla, para bailarla. Y es precisamente esa mezcla de ritmos africanos, más la herencia española y hasta asiática que se acumulan en el repertorio, lo que la hace tan diversa y, a la vez, única.

Entonces no sorprende tanto que la música cubana también enamore otras tierras, que ponga de pie hasta al más insulso, o que, incluso, pueda convertirse en un rublo exportable para la economía del país. A fin de cuentas, aquí hay mucho talento creativo.

Con esa certeza, diputados de la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente versaron en estos días de debate en el parlamento, sobre la industria cubana de la música como fuente de ingreso e instrumento en la batalla por una diversidad cultural antihegemónica, tal y como expresó Jorge Gómez, director del grupo Moncada.

Por su virtuosismo, creatividad y versatilidad, la música cubana es de las más grandes del mundo, expresó el director de la agrupación, y es que se caracteriza por la capacidad para crear referentes universales, además de por su competitividad y potencialidad para entrar con éxito al mercado internacional.

Si bien nuestros músicos no tienen los instrumentos más sofisticados –valoró el artista– es un hecho que sus presentaciones en vivo son en ocasiones estudiadas por destacados intérpretes y la calidad de las producciones ha obligado a grandes eventos internacionales, como los Grammy, a nominar a nuestros artistas.

Con ejemplos concretos, el representante de Moncada manifestó que el estallido de la música cubana es algo que todo el mundo está esperando. «¡Es el ahora o nunca de nuestra industria!», dijo, y agregó que el reto del que hablamos implica la necesidad de un enfoque multifactorial y multisectorial, que no solo depende del Ministerio de Cultura y sus entidades empresariales.

Es por eso que asumir los retos en esa industria, con inteligencia y avidez, constituye una prioridad a la que debemos apostar. Gómez lo puso en perspectiva al hablar a los diputados de la necesidad de convertir la Feria Internacional Cubadisco en una plataforma de lanzamiento de la música cubana hacia el exterior.

También es necesario cambiar los criterios actuales con que se maneja la entrega de los premios Cubadisco, sostuvo por otra parte la diputada Digna Guerra. Más allá del juicio de los especialistas que conforman el jurado, la Academia Cubana de las Artes Discográficas (ACDA) debe institucionalizarse y aportar, en el proceso de selección, los votos de los propios hacedores de la música, precisó.

Ya tuvimos una experiencia en la última edición de esta Feria Internacional, cuando más de 200 productores de discos, arreglistas, intérpretes, DJ de la radio, compositores y críticos, entre otros, nominaron a los artistas en las diferentes categorías, comentó la también directora del Coro Nacional de Cuba.

La institucionalización de la ACDA dinamizaría el lanzamiento de los proyectos y artistas premiados, por la condición de referente para otras academias internacionales, agregó en conversación con Granma, el director del grupo Moncada.

IDENTIDAD Y TRADICIÓN… LO QUE NOS DIFERENCIA

Precisamente en aras de desarrollar nuestra industria musical fue presentado en la 35 edición de la Feria Internacional de La Habana el proyecto Fortalecimiento de la competitividad, desempeño organizacional y capacidad de exportación de la industria musical cubana, rubricado en junio del 2016 por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi) y el Ministerio de Cultura.

En ese espacio Mario Escalona Serrano, director general de la Egrem, y además director nacional del proyecto, señaló que a un año de su firma el resultado más importante es que se ha logrado un trabajo de pensamiento colectivo, y tales sinergias permitirán emprender acciones destinadas, por ejemplo, a reforzar la gestión de la propiedad intelectual y la promoción dentro del programa académico de temáticas como el marketing, la producción de eventos, las finanzas y otros.

En el desarrollo del potencial musical cubano, un rol fundamental también lo desempeña el sistema de la enseñanza artística, al que el país «dedica cada año más de 80 millones de pesos, muchos de ellos en divisa», aseguró Abel Acosta, viceministro de Cultura, pues la academia constituye la plataforma de donde emergen los nuevos talentos.

Sin duda uno de los desafíos que tiene esta industria es adaptarse a la era digital y aprovechar las ventajas que ofrecen las tecnologías,  que en el caso de Cuba no se están explotando al máximo, en parte también porque la distribución de la música digital está limitada por un tema de conectividad y la no existencia de una plataforma propia integrada que permita la descarga de estos archivos musicales al público interno.

No obstante, hay casas discográficas que han dado pasos significativos para insertarse, al menos, en el mercado internacional. Según comentó a Granma, Ela Ramos Rodríguez, directora general de Bis Music, el comercio digital de la música cubana es una puerta para exportar nuestro sonido y recibir por ello también una ganancia. Por ejemplo, Bis Music tiene todo su catálogo colocado en plataformas internacionales y los contenidos se promocionan desde las redes sociales, en tanto, las ventas digitales representan para la casa discográfica casi el 70 % de sus ingresos.

El mayor reto que tenemos en este sentido es que la música cubana llegue a los grandes centros difusores. A través de algunos proyectos, como el de la Onudi, se favorecerán, precisamente, los mecanismos de entrada de nuestros discos y artistas a esas reconocidas compañías discográficas, sin renunciar nunca a la tradición y solidez de nuestros valores musicales.

Un criterio que también compartió en el parlamento Abel Prieto, ministro de Cultura, al expresar que estamos en la obligación de buscar nichos de mercado y alianzas estratégicas, pero sin hacer concesiones, ni traicionar la esencia de nuestro arte.

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