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Honor y gloria a la heroína Melba Hernández en su centenario

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En la extensa lista de mujeres que han dejado una huella notable en la historia de nuestra patria, Melba Hernández ocupa un sitial relevante.

Junto con Haydée Santamaría representó la dignidad y el coraje de la mujer cubana en la gesta del asalto al Moncada, y las fotos de ambas, detenidas pero altivas tras las rejas de la prisión, después de aquel revés que tantas vidas sesgó, inspiraron a muchas otras a imitar a esas hasta entonces desconocidas heroínas.

Cuando se constituyó, después de la liberación de ellas y los moncadistas, el Movimiento 26 de Julio, integró su dirección nacional, y en México participó en los preparativos de la expedición del Granma.

Más tarde se incorporó al Ejército Rebelde en las filas del Tercer Frente Mario Muñoz Monroy, dirigido por el Comandante Juan Almeida Bosque.

Tras el triunfo de la Revolución desempeñó importantes responsabilidades, entre ellas miembro del Presidium del Consejo Mundial de la Paz, Secretaria General de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (Ospaaal) y directora del Centro de Estudios sobre Asia y Oceanía.

Tuve el privilegio no solo de conocerla, sino de disfrutar de su amistad y de compartir con ella una tarea que realizó con toda su energía, dinamismo y capacidad para sumar voluntades diversas para lograrla. Me refiero a su presidencia del Comité de Solidaridad con Vietnam.

Presidía entonces el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), y después de consultar la opinión de Jesús Montané, Chucho, su esposo y compañero de lucha, ante la idea de proponerla para presidirlo –que consideró la halagaría mucho–, procedí a elevarla.

Su alegría ante tal decisión de nuestra dirección fue de una euforia indescriptible, e inmediatamente comenzó a idear y ejecutar planes y actividades.

Le facilité una vivienda del organismo en la calle H, que pronto se convirtió en un centro promotor de tareas diversas y abarcadoras donde destacados científicos, juristas, periodistas, historiadores, militares, dirigentes de organizaciones de masas y juveniles se iban sumando en comisiones, grupos de trabajo o actos de solidaridad de variada índole.

Desmenuzaban y denunciaban con argumentos irrebatibles la infame agresión química y bacteriológica contra el sur y el norte del país, los bombardeos que arrasaban toda la riqueza de ese pueblo heroico y divulgaban su heroica lucha contra ocupantes franceses, japoneses y norteamericanos.

Recuerdo su emoción durante la Conferencia Tricontinental en La Habana, cuando el Che publicó, desde su trinchera en Bolivia, aquella convocatoria a luchar contra el imperialismo que tituló «Crear dos, tres, muchos Vietnam».

Vinculó en todo el país diversas tareas productivas, en saludo a la lucha de ese pueblo.

La batalla por alcanzar los diez millones de toneladas de azúcar convirtió al Comité en un promotor de su realización vinculándolo con la resistencia vietnamita.

En todas las provincias surgieron comisiones del Comité de Solidaridad que divulgaban los logros de ese pueblo en su enfrentamiento al ataque imperial.

La embajada de Vietnam y la oficina del Frente de Liberación de Vietnam del Sur la consideraban parte de esas instituciones, y los centenares de estudiantes vietnamitas en Cuba la admiraban y querían como a una madre.

Promovió contra viento y marea que los dos periodistas que según su criterio más habían contribuido a divulgar hitos de la historia de ese país y difundido las actividades del Comité, Marta Rojas y Raúl Valdés Vivó, fueran seleccionados para hacer el primer viaje de la prensa cubana a Vietnam del Sur en pleno apogeo de la guerra. Con esa impactante experiencia, ambos multiplicaron el conocimiento de nuestro pueblo de aristas fabulosas del sacrificio, heroísmo e ingenio de sus combatientes.

Dos de los mejores reporteros cubanos, que sin dudas hubieran podido hacer una excelente labor, al conocer de la atractiva invitación promovieron con todas sus relaciones, su aspiración.

Melba se mantuvo firme hasta lograr la aprobación de sus candidatos defendiendo un principio que había aplicado en invitaciones a otros sectores a ese país, consistente que debían ser seleccionados los más destacados en el apoyo a la autodeterminación e independencia vietnamita.

Fui testigo presencial del emotivo encuentro suyo con Pham Van Dong en Moscú. Estábamos juntos, en una recepción en el Kremlin, Chucho, ella y yo, y el dirigente vietnamita la reconoció y vino a saludarla y a agradecer todo el apoyo que ella promovía a su decidida resistencia.

Melba, por su parte, evidenciaba una emoción ilimitada al poder conversar con uno de sus más destacados dirigentes, que reconocía con fraterno agradecimiento el esfuerzo que ella desplegaba desde nuestra Isla en su apoyo. Fue tanta su satisfacción por ese encuentro que no se percató de que el Che, también presente, fue el traductor en francés de esa inolvidable conversación.

Más adelante, concluida victoriosamente esa guerra genocida, vio coronado su amor por ese pueblo al ser designada embajadora de Cuba en Vietnam, territorio que recorrió animándolos a reconstruir su patria, conociendo personalmente a muchos de sus dirigentes y promoviendo la modesta ayuda que nuestra Isla podía aportar para la reanimación de su economía y la educación de muchos de sus jóvenes.

Estoy seguro de que, en su corazón, al lado de su amor por su patria, albergó un sentimiento similar para el pueblo anamita.

En el orden personal me une a ella su deseo, compartido por mí y mi esposa como un honor, de que nuestra hija cuando naciera se llamara Melba.

Hoy, a cien años, de su natalicio, tanto en Cuba como en Vietnam, su recuerdo está colmado del respeto, admiración y reconocimiento a su consagrada vida patriótica e internacionalista.

Su ejemplo nos invita a recordarla no solo poniendo, como haremos, las flores que merece donde descansan en vigilia sus restos, sino imitando su vida de lucha que implica, hoy día, participar en el presente combate contra la alevosa campaña imperialista por subvertir el orden y seguridad conquistados, aprovechando la coincidencia de las dificultades incrementadas por el endurecimiento del bloqueo y la asolación de la pandemia, como ella hizo siempre, consolidando la unidad y enfrentando, a los actuales enemigos.

Fuente: Sitio de la UNEAC

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